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SANDRA BLÁZQUEZ: "SI HABLAMOS DE PROGRESO HABLAMOS DE LIBERTAD"

Madrileña de 30 años, actriz en televisión y cine, y fundadora de la asociación Idea Libre, desde la que han creado una escuela en Chumvi, una aldea en una árida región del norte de Kenia. Una iniciativa que posibilita el acceso a la educación y la alimentación a 100 niños.

 

 

¿Por qué actriz?

 

Empecé muy pequeña y siempre he tenido la necesidad de expresarme y actuar. Me gusta mucho hacer sentir a la gente y enviar mensajes a través de la interpretación.

 

¿Y por qué la asociación?

 

Son los dos pilares de mi vida: actuar e Idea Libre. Para mí el sentido de estar vivo es dar al que tienes al lado. Durante un viaje a Marruecos con mi compañera María, que es educadora, conocimos la situación de unos niños en un orfanato. Despertó en nosotras la inquietud por hacer algo y acabamos construyendo una escuela. Después llegamos hasta Chumvi, un poblado en el norte de Kenia, donde actualmente tenemos otra escuela en colaboración con unos misioneros de la Caridad.

 

¿Cómo es Chumvi?

 

Viven unas 400 personas, de las cuales 200 son niños. No tienen agua, ni luz, viven una media de siete personas por cabaña, con una cama dura y nada más. Los niños duermen en el suelo sobre una piel de vaca seca. Los niños no iban a la escuela y creemos que sin educación no hay futuro. Allí absolutamente todos los padres y las madres son analfabetos. La oportunidad para escapar de eso es mínima.

 

¿Cómo les propusisteis la creación de una escuela?

 

Fuimos hablando con las familias y empezamos a dar clase bajo dos árboles durante todo un año. Cuando ya estaba la escuela construida hicimos una reunión con las madres para preguntarles qué opinaban. Estaban muy contentas porque cuando sus hijos fueran mayores no tendrían que dormir en el suelo.

 

¿Quién enseña a los niños?

 

Las maestras son mujeres que viven a una hora andando. Tienen la educación básica y nosotras les pagamos la formación en Magisterio, que reciben mientras los niños están de vacaciones. La asociación tiene contratadas a cuatro profesoras, una cocinera y dos vigilantes.

 

Además de educación, los niños en la escuela reciben comida. ¿Por qué?

 

Las profesoras nos dijeron que muchos niños se quedaban dormidos, llegaban malos, con fiebre o dolor de cabeza. La razón era que estaban comiendo una vez cada dos días, así que abrimos una cocina y ahora los cien niños que asisten a clase comen a diario.

 

¿Qué comen?

 

Los lunes, martes, miércoles y viernes comen patata con zanahoria, cebolla, repollo y tomate. Los jueves comen arroz, solo una vez a la semana porque es muy caro. Algún día especial compramos carne.

 

¿Qué le espera a un niño de Chumvi si no va a la escuela?

 

Seguramente siga la trayectoria de sus padres. Los padres de Chumvi trabajan cortando leña, hacen sacos de 50 kilos y los venden. Tardan una semana en llenar el saco y les pagan cinco euros. Un brik de leche vale 1,80 euros. Un kilo de arroz 1,90. Ganan cinco euros a la semana y tienen siete u ocho hijos. Es imposible. Si un niño va a la escuela tendrá la oportunidad de elegir. Quizá no ser médico, pero sí tendrá la oportunidad de leer y firmar un contrato, algo que un padre de Chumvi ahora mismo no puede.

 

Vuestro objetivo es que los 200 niños de Chumvi reciban educación primaria.

 

Eso es. Queremos que ese niño que se queda fuera de la escuela mirando, pueda entrar. De momento Primaria. Después podrán ir a un internado para continuar Secundaria.

 

Lleváis dos años con este proyecto. ¿Qué cambios habéis notado?

 

Los niños han cambiado hasta en el color de la piel. Cuando no comen todos los días están como grises. Y vemos que han ganado en seguridad. Aparte, no son solo los niños los que se benefician. Las madres se pueden despreocupar de sus hijos unas horas para poder ir a trabajar y solo tienen que alimentar a los que no van a la escuela. En muy poco tiempo vemos mucho progreso.

 

¿Aspiráis a que la escuela sea autosostenible?

 

Cuando hablamos de progreso, hablamos de libertad. No pueden estar siempre esperando a que lleguemos nosotras y les demos cosas. Tenemos muchas ideas y vemos posible que llegue a ser autónoma.

 

¿Cuáles son los objetivos inmediatos?

 

Queremos construir dos clases más y habrá que pagar a más profesoras, comprar más comida… La idea es aumentar el número de socios. Ahora tenemos 178.

 

¿Te dedicarías a tiempo completo a la asociación?

 

Lo he pensado muchas veces, sobre todo cuando hay un problema allí y por la distancia no puedes resolverlo en el momento. Lo paso mal. Por otra parte, la interpretación es una parte muy importante de mi vida, aunque a veces parezcan dos realidades incompatibles.

 

¿Por qué?

 

Porque los valores que se exige a un actor son muy diferentes a los que yo me exijo como persona. Cuando estoy en Chumvi llena de barro, sin maquillar y feliz, y pienso que a la semana siguiente tengo que ir a Madrid, comprarme unos tacones para ir a un estreno, estar muy guapa y ponerme un vestido de tal marca para un photocall, me enfado mucho conmigo. Pero para poder trabajar también tienes que hacer eso. A veces es complicado.

 

¿Qué te mueve a estar en este proyecto?

 

Si me preguntas que por qué quiero a alguien te puedo responder mil cosas y todavía no te he respondido. No te puedo decir por qué lo hago. Es una necesidad, algo que me nace de dentro. Me siento responsable. Mientras tú y yo estamos hablando, un niño se está muriendo de hambre. Hay que hacer algo, ¿no? Estoy muy cansada de que la gente le eche la responsabilidad a otros, de que me digan «es que lo tienen que hacer los gobiernos». Mientras lo estás diciendo, un niño no va al colegio. Haz algo, ¿no? Si no lo hacen ellos, da tú el ejemplo.

 

 

 

 

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PATRICIA SIMÓN: "SI NO CONTAMOS LOS MATICES, SOMOS INJUSTOS"

Patricia Simón (33 años) es andaluza, vive en Asturias, es periodista y se muestra interesada en hacer un periodismo atento a cómo las informaciones afectan a las fuentes, sobre todo cuando estas fuentes son víctimas de violaciones de derechos fundamentales.

 

 

¿Cuándo decides dedicarte al periodismo?

Con cinco años una profesora me puso en una redacción: “Escribes muy bien, deberías ser periodista”. Ella era colaboradora de la agencia EFE y profesora de religión en mi pueblo, Estepona. Me pareció maravilloso lo de ser periodista, una forma magnífica de conocer a gente diversa y salir de nuestro pequeño mundo.

 

¿Qué te llevó a enfocarte en temas sociales?

Decidí hacer un Erasmus sobre Ciencias Políticas. Viajé a Brasil y conocí el Centro de Defensa de los Derechos Humanos en Açailandia, fundado entre otras personas por Carmina Bascarán. Hasta quince años antes de que yo llegase no se reconocía la existencia de trabajo esclavo en la zona, cuando era uno de los motores económicos fundamentales. Me di cuenta de que se podían hacer cosas para cambiar el mundo, de que las aspiraciones de todos los seres humanos son las mismas en cualquier lugar y que no había nada que más energía y entusiasmo generase y que diera más sentido a la vida que trabajar por nuestros derechos y los de los demás. Me había hecho periodista para estar al lado de estas personas.

 

¿Qué se puede conseguir en la defensa de los derechos humanos desde el periodismo?

Todo. Tenemos la capacidad de generar imaginarios e influir en la opinión pública, de enseñar todo lo que se puede hacer y lo que se está haciendo. Intento trabajar cada vez más sobre las potencialidades y las fortalezas, sobre lo que la gente es capaz de hacer en entornos de dificultad, de empobrecimiento o de conflicto. Cuando tenemos la posibilidad de entrar en contacto con esas realidades, nuestros umbrales de resiliencia cambian, nuestras prioridades y nuestras empatías cambian.

 

Convencida entonces de que el periodismo provoca cambios

Claro que se cambian cosas. La gente no estaría ahora igual de sensibilizada y activada como está con el tema de los refugiados si no hubiese habido tantos periodistas documentando este éxodo. Si no hubiese habido una sola cámara allí no sabríamos lo que está ocurriendo, con lo cual los estados podrían estar haciéndolo peor de lo que lo están haciendo. Documentar la historia siempre cambia las cosas, en el momento o al cabo de los años. Hicimos un tema de un chico albino que estaba en Melilla, que llevaba más de un año y medio tirado en una chabola. Tenía claramente derecho a asilo porque en su país era perseguido. Gracias a un reportaje que publicamos se abrió una investigación en la defensoría del pueblo y su caso se resolvió positivamente. 

 

¿Cómo ves la profesión?

El problema es que nos hemos estancado en las formas de narrar. Y con las dinámicas de los medios de comunicación, la sobrecarga de trabajo en la que los compañeros están sumidos, la obsesión por la visita y la superficialidad, no nos da tiempo a seguir formándonos y explorar nuevas formas de narración. La gente lo que recibe siempre es un tono muy monótono en las informaciones, muy aburrido. Como no se permite profundizar, se repiten siempre los lugares comunes y los estereotipos.  Además yo creo que si no contamos todos los matices y no ponemos el foco en la capacidad de supervivencia y fortaleza de estas personas, somos injustos. Primero con la persona que nos ha contado su historia, porque lo que tiene ante sí, la información, es un reflejo que la presenta como una persona débil, cuando no lo es. Y eso afecta a su proceso de recuperación psicosocial. “Si ellos me ven así, a lo mejor es que soy así, una pobrecita que no es capaz de tomar las riendas de su vida”. Y me parece también injusto para los destinatarios de nuestra información, porque en lugar de mostrarles cómo se pueden superar las barreras, algo que podrían aplicar en sus propias vidas, les contamos “mira estos pobrecitos cómo han terminado”. Por eso cuando construimos historias me parece tan importante mostrar la capacidad de supervivencia.

 

Entonces, tú que trabajas en campañas de sensibilización de ONG, tendrás una mirada crítica con la tendencia a mostrar la debilidad.

A mí el planteamiento de buscar la empatía con la imagen más dolorosa y forzando el llanto me parece inmoral. Me parece un recurso muy pobre, muy antiguo y muy injusto con las personas con las que trabajan las ONG, que son a las que principalmente hay que cuidar. Pero creo que esto está cambiando. Hay muchos trabajos de sensibilización que ponen el foco en la capacidad de transformación de la realidad de estas personas. Creo que lo que aún falta es educar a la ciudadanía para que no espere para donar a la imagen del pobre niño refugiado con los ojitos brillantes.

 

¿Nos interesan los temas sociales?

Necesitamos información de calidad. Los nuevos medios digitales que han surgido, y ya son muchos, abrieron una puerta y un horizonte que demostraba que esta información era  demandada, que se podía hacer, que había mucha gente dispuesta, aunque fuera con pequeñas cuotas, a pagarla. El modelo de negocio y la crisis publicitaria no era el problema. El problema era una crisis de credibilidad. Yo creo que ahora los temas sociales bien abordados los hace gente muy joven que tiene una mirada nueva mucho más contemporánea. Y los hacen en estos medios de comunicación nuevos. Ahí está la información de calidad. Y los otros medios siguen empeñados en hacer juego de trileros e intentar engañarnos con truquitos como sacar un día un desahucio.

 

 

¿Cómo contar mejor las historias?

Hacer interesante lo importante es súper difícil. Creo que hay que primar la calidad y tener en cuenta que, aunque inmediatamente no vaya a ser lo más leído, esa información, ese reportaje en profundidad, no caduca al día siguiente. Es una forma de documentar la historia en el momento preciso en el que está teniendo lugar. Ese reportaje va a ser igualmente interesante dentro de un año o de muchos, porque va a contar un hecho en varias de sus dimensiones.

 

Y como lectores, ¿cómo elegir una buena información?

Nunca se ha leído tan poco bien y tanto mal. Tenemos muchísima información, mucha bien hecha, pero perdemos demasiado tiempo leyendo información que mañana ya ha caducado. A mí no me interesan las declaraciones de los políticos, ni me interesa un reportaje social que no me explique todo el fenómeno. Creo que tenemos que leer más libros y más ensayos. Ahora tenemos todas las tesis doctorales y todos los papers de las investigaciones científicas disponibles en internet. Y eso es lo que nos permite entender. Lo otro son pildoritas de actualidad para saber un poco por dónde va.

 

 

De tus trabajos en África, ¿qué destacarías?

Fue muy revelador un trabajo que hicimos sobre las madres y familiares de los desaparecidos migrantes que venían a Europa, gracias a un cambio conceptual del fotoperiodista Juan Medina al decir que son madres de desaparecidos exactamente igual que las madres de los desaparecidos de la dictadura de Chile o de Argentina, y su duelo está exactamente igual de quebrantado por el hecho de no saber si sus hijos están vivos, están muertos o dónde están. Entrevistando a estas madres constatamos de nuevo que los periodistas estamos fallando al contar la migración desde las pateras, totalmente descontextualizado, como si fueran personas que amanecen en una playa, sin contar cómo allí tienen familias que les echan de menos exactamente igual que aquí, que hay madres compungidas y temerosas como cualquier madre española cuando su hijo emprende un viaje peligroso. Más de 20.000 personas han muerto en el Mediterráneo en los últimos 20 años. En Senegal también aprendí la importancia de la comunidad y el apoyo que hay entre ellos.

 

Has trabajado además en los campamentos saharauis, en la valla, en Sierra Leona…

El primero fue un trabajo con Médicos del Mundo sobre la fortaleza de estas personas. A los campamentos solo están llegando los periodistas cuando se celebra el Festival de Cine, que es el único que financia ese viaje. Así que siempre tenemos la imagen del momento del festival, de celebración, pero el resto del año allí no va nadie porque los medios de comunicación se han olvidado del Sáhara. En la frontera sur, en Melilla, para mí fue muy importante descubrir cómo el aparato estatal podía ser tan cruel y descorazonador tratando a las personas que llegan hasta Melilla y son encerradas en esos dieciocho kilómetros cuadrados. Tuve la oportunidad de conocer a un referente ético muy importante como es José Palazón, de la Asociación Prodein. Me enseñó cómo maltratamos sistemáticamente desde las instituciones a estas personas. Mi último trabajo en África ha sido un documental sobre el impacto del Ébola en Sierra Leona.

 

Abordar siempre estos temas supongo que a veces es demasiado duro

Un día le pregunté a Carmina Bascarán que por qué hacía lo que hacía, enfrentándose a amenazas muy serias contra su vida en Brasil. Ella me decía que le dolía la barriga si no lo hacía, que no entendía por qué no había más gente haciéndolo, que en este mundo no se puede morir nadie por malnutrición cuando hay comida para todos. Que ella tenía claro de qué lado quería estar, en el de los que intentaban cambiarlo aunque no se consiguiera. Yo quiero estar también de ese lado. Y en ese lado se tejen relaciones muy bonitas con muchas personas. No hay tantas profesiones donde tú puedas entrevistar a una gran dramaturga colombiana y al día siguiente estar en una chabola con una mujer que es capaz de generar vida a su alrededor haciendo una huertita y manteniendo a sus niños, siendo alegre y simpática. Esos contrastes son apasionantes y te obligan a estar intelectualmente muy despierta porque cambias mucho de escenario. Eso es fascinante.

 

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"EL CAMBIO CLIMÁTICO SE CEBA EN LOS MÁS POBRES"

 

El cambio climático amenaza, principalmente, a los más pobres de la tierra. Si no se toman medidas urgentes puede empujar a otros 100 millones de personas, principalmente en África subsahariana y en el sur de Asia, a la pobreza en los próximos 15 años. Es decir, antes de 2030.

 

Esta afirmación aparece en un nuevo informe del Banco Mundial (BM), titulado: “Shock waves: Managing the Impacts of Climate Change on Poverty”.

 

Este estudio se diferencia de otros realizados por la misma entidad u otras organizaciones por poner el punto de mira en el impacto que el cambio climático puede tener sobre la pobreza a nivel de hogares, en lugar de a nivel de las economías nacionales, como se venía haciendo hasta ahora.

 

Según el mismo, el cambio climático es una clara amenaza al primero y más fundamental de los Objetivo de Desarrollo Sostenible: erradicar la pobreza. Las personas y los países pobres están expuestos y son más vulnerables a todo tipo de desastres, los cuales proliferan como consecuencia directa del cambio climático. Estos pueden presentarse en diversas formas como pueden ser las catástrofes naturales que destruyen los bienes y los medios de subsistencia; las enfermedades y plagas relacionadas con el agua que se hacen más frecuentes durante las olas de calor; las inundaciones o las sequías; la reducción de las cosechas como consecuencia de la escasez de lluvias; o la subida del precio de los alimentos que acompaña a estos fenómenos climáticos extremos, entre otras muchas.

 

Estos desastres, consecuencia inmediata del cambio climático, también afectan grandemente a personas que no entran en la categoría de pobres extremos pero que permanecen vulnerables, por vivir justo en el límite por encima de ella, y pueden caer en la pobreza, por ejemplo cuando una riada o una inundación destruye sus empresas, una sequía diezma sus ganados o un niño se enferma por causa del agua envenenada. Tales acontecimientos pueden borrar décadas de duro trabajo, ahorro y acumulación de bienes y dejar a las personas con consecuencias irreversibles para sus vidas y su salud. Los cambios en las condiciones climáticas causadas por el aumento de concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera puede empeorar estos efectos y afectar, consecuentemente, a la lucha por la reducción de la pobreza.

 

Por tanto, concluye el informe, acabar con la pobreza no será  posible si el cambio climático y sus efectos sobre las personas no se contabilizan y gestionan conjuntamente con las políticas de desarrollo y de reducción de la pobreza. De igual modo, el clima no podrá estabilizarse sin reconocer que el fin de la pobreza es una prioridad absoluta.

 

En la actualidad, el calentamiento global ya está provocando subidas de precios agrícolas, aumentando los riesgos de catástrofes naturales tales como olas de calor, sequías o inundaciones y exacerbando los problemas de salud pública que afectan de manera muy considerable a los ciudadanos del continente africano, indica el estudio. Sin la adopción inmediata de políticas de mitigación, adaptación y reducción de emisiones, advierte el Banco Mundial, el aumento de los gases de efecto invernadero y las temperaturas continuarán provocando estragos en las poblaciones vulnerables hundiéndolas más y más en la pobreza.

 

Según las estimaciones más recientes del BM, el número de personas que viven en extrema pobreza en el mundo es de 702 millones, lo que equivale al 9.6 % de la población mundial.

 

El pasado mes de mayo, el Banco Africano de Desarrollo (BAD), en un informe titulado “Eliminating Extreme Poverty in Africa: Trends, Policies and the Role of International Organizations”, admitía que pese a los avances conseguidos, en África subsahariana el 48 % de la población vive en condiciones de pobreza extrema o en situaciones de vulnerabilidad a penas por encima de ella que en cualquier momento pueden revertirse y provocar la vuelta al nivel más bajo. Estas son las personas que están siendo más afectadas por el cambio climático en el continente.

 

Un ejemplo sacado del informe del BM: para el año 2030, las pérdidas de rendimiento de los cultivos podría significar que el precio de los alimentos sería un promedio de un 12 % más alto en África subsahariana. Por tanto, la tensión en los hogares pobres, que normalmente gastan hasta un 60 % de sus ingresos en alimentos, podría ser muy fuerte.

 

Para combatir estos devastadores efectos, el informe recomienda que se aplique una combinación de medidas entre las que destacan la elaboración de planes de desarrollo que incluyan información sobre el cambio climático y sus efectos, que contemplen intervenciones urgentes a corto plazo y prevean políticas de mitigación a favor de los pobres para limitar los impactos a largo plazo del camino climático en ellos y crear un entorno que permita la erradicación sostenible de la pobreza.

 

Otras recomendaciones más especificas del mismo pasan por la mejora de los sistemas de salud y el acceso a los mismos, la ayuda a los hogares para acceder a instrumentos financieros que les permitan enfrentarse a los riesgos que afrontan y proporcionar protección social para ayudar a los pobres que se ven afectados por los desastres medioambientales y sus consecuencias económicas. Estos tres puntos se encuentran en un estado muy incipiente en la mayoría de los países de África subsahariana, por los que los gobiernos de la región deben emplearse a fondo si quieren salvar a sus ciudadanos de los estragos del cambio climático.

 

No cabe duda de que el aspecto más importante de este informe es que demuestra que la lucha contra la pobreza y contra el cambio climático no se pueden lleva a cabo aisladamente, los objetivos de las dos se conseguirán más fácilmente si se trabajan conjuntamente.

 

Por eso mismo, el informe del Banco Mundial impone una fuerte presión sobre los líderes mundiales concentrados en París para asistir a la Cumbre del Cambio Climático, CPO21, y muy en especial sobre los de los países africanos, donde se concentran los grupos de población más pobres y vulnerables, para conseguir un acuerdo global que de un vez por todas revierta los efectos negativos que el cambio climático está produciendo y las catástrofes que provoca para la mayoría de la población del planeta.

http://mundonegro.es/el-cambio-climatico-se-ceba-en-los-mas-pobres/

Mundo Negro.Diciembre2016. Irreversibles

"EL FUTURO ESTA CON ELLOS, LO TIENEN TODO"

 

Seydu es un trovador nacido en Freetown (Sierra Leona) que reivindica la vida sencilla, denuncia las injusticias y transmite lo aprendido a niños y jóvenes desfavorecidos en su tierra natal a través del proyecto Diamond Child School of Arts & Culture.
 

Seydu, ¿cuánto tiempo llevas viviendo en España?

 

Llegué como polizón en un barco a través de las Canarias y con el tiempo recalé en Madrid, donde he estado viviendo durante treinta años. No obstante, siempre he vuelto a mi tierra natal, donde con gran tristeza cada vez encontraba alguna tragedia: llámese guerra civil, guerra por el control de las minas diamantíferas, pobreza, epidemia de ébola.  He vivido aquí en España queriendo volver y devolver a los niños de mi tierra lo que yo pude salvar: las artes culturales de Sierra Leona.

 

 

 

Tu vida, ¿siempre ha estado ligada al arte?

 

Nací en la formación que creó mi abuelo, la National Dance Troupe, que alberga a todas las etnias de Sierra Leona, en la que damos a conocer las diferentes artes culturales que tenemos. Allí aprendí a fabricar mis instrumentos gracias a mi abuelo y a cantar gracias a mi madre. Hicimos representaciones por toda África.

 

 

 

¿Qué es para ti la música?

 

Para Seydu la música es el amor. A través de la música doy a conocer el amor que siento dentro de mí.

 

 

 

 

Return to Africa es la canción que abre tu último disco, Sadaka. En ella expresas ese amor del que hablas.

 

Ver a mis hermanos y hermanas intentando llegar a occidente, y a veces perder la vida por el camino, es de las cosas más difíciles que un africano puede contemplar. Sobre todo uno que conoce muy bien la vida real en África y en occidente, y que ha sufrido en su propia piel las dificultades de uno y otro lado. Al fin y al cabo, todo es mentira. Todo con lo que soñamos en África de que en occidente hay de todo y se regala todo, y que no tienes más que tender la mano, es mentira. En occidente las familias trabajan mucho para tener lo justo. Es triste venir de África para optar por esta forma de vida de aquí. No la creo apta para el africano: el clima es distinto, la manera de ser diferente y las posibilidades mucho peores.

 

 

 

¿Es mejor que los africanos no vengan a Europa?

 

Mi pueblo tiene que ser capaz de vivir con lo que tiene, tiene que ser capaz de crear, de sembrar y cosechar su propia tierra sin necesidad de acudir a nadie ni buscar apoyos en ningún lugar. Lo tiene todo. Pero tristemente el colono nos enseñó que hemos de tender la mano siempre para poder conseguir algo y eso no está bien, no crea más que dependencia. Con Return to Africa yo lanzo la voz a todos mis hermanos y hermanas recordándoles aquello que nuestras madres siempre nos gritaban: “puedes ir donde quieras, pero nunca olvides a los tuyos y acuérdate de volver”.

 

 

 

Y en todo esto ¿tú dónde te sitúas? Porque tú vives en España…

 

Estoy aquí pero quisiera estar en África. Aquí consigo que la gente entienda cuáles son las situaciones allí y logro apoyo para los más desfavorecidos. Sin esta lucha y este trabajo de sensibilización aquí, no conseguiría ese apoyo. En África los gobiernos no hacen nada, no miran a la cantidad de niños que vagan por las calles. Por eso creé la escuela-taller Diamond Child.

 

 

 

Háblame de la escuela.

 

Es un centro que da educación básica reglada y enseña habilidades a jóvenes para que puedan valerse por sí solos en su comunidad y  no tengan que imaginarse emigrando para conseguir un futuro digno. El futuro está allí con ellos, lo tienen todo.

 

 

 

 

¿Qué habéis logrado hasta ahora?

 

Se ha conseguido crear un lugar donde anualmente más de 500 niños reciben una educación digna. Muchos consiguen incluso crear un pequeño negocio a través de un sistema de microcréditos. Es el único centro que representa las artes culturales de Sierra Leona. He conseguido también que personas y organizaciones de España den apoyo a esta escuela para que se lleven a cabo proyectos educativos que permiten a muchos jóvenes excombatientes y niños soldado volver a tener dignidad, una casa e incluso una familia que les ama. Diamond Child crea mucha humanidad, mucha sensibilidad y a su vez crea futuro a través de la educación, una de las herramientas que más necesita el continente. El 45% de las mujeres en mi país son analfabetas. No hay derecho a privar de educación a nadie.

 

 

 

¿Con qué dificultades os encontráis?

 

Son muchas. En Sierra Leona es muy difícil llevar a cabo cosas cuando existen tantos intereses alrededor. El Gobierno está acostumbrado a obtener fondos de otros gobiernos  para llevar a cabo proyectos que nunca se llevan a cabo, mientras esos fondos desaparecen. Este mismo Gobierno de repente ve a un sierraleonés que ha vivido muchos años en el exterior, que vuelve, crea una escuela y consigue sacar adelante un proyecto que se está haciendo con casi nada y alcanzando unos niveles muy altos. Para ellos es una torta en la cara. Yo utilizo la música, el arte y la cultura para cambiar la vida de muchos desfavorecidos. No hay más. Si consigo instituciones que apoyen porque creen en mí, estupendo. Y si no, lo haré a través de mis conciertos, de la venta de mis discos y de muchos amigos que participan para cambiar las cosas en el continente africano.

 

 

 

¿Me cuentas la historia de algún niño de la escuela?

 

A mí me marcó la historia de Abas, un niño que encontré en Funkia, un poblado muy pobre de pescadores cercano a Goderich. Yo estaba allí porque quería comprar pescado y me encuentro a un niño que habían abandonado, que estaba tirado en una esquina al lado de las rocas. Le miro y me doy cuenta de que tiene un brazo paralizado. Abas tendría en ese momento unos cuatro año y medio, apenas sabía hablar y estaba bastante desnutrido. Empecé a preguntar a los pescadores por sus padres y me dijeron que había sido abandonado porque la gente del poblado creía que estaba poseído por un diablo. “No. Los que están poseídos son ustedes”, les dije. Y se empezaron a reír. Le cogí en brazos para llevármelo y una mujer me dijo que me llevaba la maldad conmigo. Llevé a Abas a la escuela e hice un acuerdo de los que solemos hacer con familias que acogen a niños de la calle, por el cual pasan el día en la escuela y a última hora de la tarde vuelven a casa, para sentirse en una familia. Abas ahora tiene 15 años y ha llegado a ser uno de los mejores artistas de Sierra Leona. Canta, con una mano toca los pianos de pulgar y, aunque cojea un poco, baila muy bien.

 

 

 

 

Tu disco cierra con la canción Desert Rose, en la que participa Mariem Hassan. ¿Qué importancia tiene esta persona?

 

Mariem Hassan es una activista que hizo todo cuanto pudo en la vida por llegar al cielo con su voz y dar a conocer todas las atrocidades que padece su pueblo, el pueblo saharaui, un pueblo que nunca ha sido reconocido por el resto del mundo como un pueblo digno. ¿Cómo puede haber tanto enfrentamiento? Si hablamos de Marruecos y de los saharauis, son los mismos, son las mismas familias, los mismos hermanos. Es muy triste pensar que en el continente africano, un continente tan grande, tan diverso, tan hermoso, todavía existe una colonia, un país que no se reconoce como país donde existen tantas familias abandonadas en lugares donde no hay agua, donde no pueden sobrevivir. Y a nadie le importa. Además otro pueblo les acribilla cuando le da la gana. Esa ha sido siempre la lucha del pueblo saharaui y de su voz, que era Mariem Hassan.

 

 

 

River Sewa habla del expolio de los recursos y los conflictos derivados.

 

En mi álbum Sadaka hay 11 piezas. Todas las canciones apuntan a la misma historia: dar y recibir, la grandeza de que cuando tú das, estás recibiendo a la vez. River Sewa narra una sencilla historia sobre un río que cruza por toda África. Hay lugares donde lo llaman Nilo, lugares donde lo llaman Sewa o Níger. Es un río que siempre alimenta al pueblo africano. En sus orillas conviven cientos de familias que encuentran allí lo más bonito de la vida, que es el agua. Resulta que de repente se encuentran minas al lado del río Sewa, diamantes y oro. Esto hace que el pueblo africano cada vez tenga menos agua porque se va desviando para que las empresas mineras consigan sacar sus piedras preciosas, que al fin y al cabo deberían alimentar al pueblo africano. Esa tristeza existe: un continente que tiene tanto, pero todo lo que tiene es para su desgracia en lugar de su beneficio. La canción habla de un pueblo que tiene muchos diamantes que en realidad brillan como lágrimas en el rostro de sus gentes.

 

 

 

Qué echas de menos de tu tierra cuando estás aquí.

 

La sencillez de la vida. Ese vivir sin nada, con lo básico, sin grandes pretensiones. Lo poco que tienes lo aprecias, pero lo aprecias para siempre. Es tuyo, es lo que tienes, lo que te hace ser.

Se puede ver un vídeo con la entrevista a Seydu en mundonegro.es

http://mundonegro.es/irreversibles-seydu-futuro-esta-lo-tienen)

 

 

 

Mundo Negro.Enero 2016. Irreversibles

"LAS COSAS SE PUEDEN HACER DE OTRA MANERA"

 

Mecedes García de Vinuesa nació en Córdoba hace 40 años, de familia vasca por parte materna y madrileña por la de su padre. Los últimos 16 años los ha dedicado a la cooperativa IDEAS (Iniciativas De Economía Alternativa y Solidaria), que actualmente ostenta la presidenta de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo.

 

¿Cómo nace tu interés por la economía solidaria?

 

Estudié Económicas y Empresariales, aunque me apasionaba la psicología. En el cuarto año de carrera tuve una crisis porque no se hablaba de lo que yo entiendo que tiene que ser la economía, más humana. Sólo se hablaba de maximizar el beneficio y de los recursos humanos para aumentar la productividad. Se abordaba la psicología no para la felicidad del trabajador, sino para el enriquecimiento del empresario. No se tenía en cuenta la rentabilidad medioambiental ni social. Era buena estudiante, pero no me ilusionaba ni ser directora de un banco ni llegar al puesto más alto. En quinto una profesora me invitó a realizar un máster en Cooperación al Desarrollo y gestión de ONGD. Ahí se produjo el clic, el inicio de un período de transición en el que me di cuenta de que las cosas se pueden hacer de otra manera.

 

 ¿Qué entiendes por comercio justo ?

 

Es otra forma de comercio donde se respeta a las personas, se pagan realmente todos los costes de producción, con lo cual existen salarios dignos, fijados a nivel internacional, con unos estándares bien delimitados. No hay explotación infantil y la mujer gana lo mismo que el hombre. Hay unas relaciones a largo plazo, no se trata de comprar y vender al mejor postor, sino de crear relaciones de cooperación. Por eso está demostrado que el comercio justo es una herramienta eficaz de reducción de la pobreza y de respeto al medioambiente.

 

¿Los consumidores también somos responsables de las relaciones comerciales ?

 

Claro. Como compradores tenemos que ser conscientes y exigir que nos demuestren que no hay explotación laboral detrás de un producto, que no hay salarios tan míseros que no cubren los costes de producción. Cuando vemos un precio muy barato no podemos decir 'uy qué bien' y no lo cuestionamos cómo lo han logrado, porque está claro que alguien de la cadena no ha recibido lo que debería. A la vez, sabemos que hay alguien que siempre gana. Leamos el etiquetado y exijamos que nos demuestren cómo se ha hecho ese producto, dónde y en qué condiciones.

 

¿Tenemos poder real para modificar un sistema basado en relaciones injustas ?

 

Se ha demostrado que tenemos muchísima fuerza como consumidores y que las empresas van a hacer lo que los consumidores exijamos. La empresa quiere maximizar los beneficios, pero si el consumidor pide, por ejemplo, que un producto sea ecológico, se ponen las pilas y al final producen de forma ecológica. Como consumidores estamos diciendo sí o no a un sistema. Cuando tomamos un café por la mañana, si es de comercio justo, estamos diciendo sí a un mundo más justo donde, por ejemplo, hay unas personas que han amado su tierra y han producido de manera digna. ¡Imagínate lo bien que te sienta ese café! Estás contribuyendo con tu consumo diario.

 

¿Cómo convencernos de que cambiar nuestros hábitos cotidianos es mejor para todos?

 

En mi caso la transformación ha sido muy natural, poco a poco. Y sigo teniendo muchas incoherencias: soy hija de mi cultura. Mi hermana es investigadora y ha tenido que emigrar a Holanda, y yo cada vez que monto en avión soy consciente del impacto medioambiental que estoy creando. Pero consumo los productos de mi cooperativa de forma regular: galletas, zumos, pasta con quinoa, cosmética. En nuestra nave de Córdoba la energía viene de fuentes renovables y toda nuestra financiación es de banca ética. Hay que contagiar la alegría de que existe otra manera de hacer las cosas y de cuanta más gente se sume, mejor. Que tú seas el cambio que quieres ver en el mundo, como decía Gandhi.

 

¿Qué diferencia a IDEAS de otras empresas?

 

Vengo de una familia tradicional en la que, por ejemplo, mi padre me decía que por qué no trabajaba en una empresa normal y decente. No entendía dónde estaba. Es verdad que nuestros sueldos son muy bajos y que echamos muchísimo tiempo de trabajo. Somos socios trabajadores y nuestra forma de tomar decisiones es democrática. Hemos aprendido a gestionar como empresarios, pero nos hemos reinventado creando nuevos criterios que el mercado tradicional no da. Entre nosotros no hay casi diferencia salarial, cuando a mí me habían enseñado que yo, por mi formación, debía tener más sueldo que la persona que trabaja en el alamacçen o en atención al clie3nte. Hemos visto que hay criterios que no nos valen y otros, de mayor cuidado entre nosotros y de mayor implicación, que sí.

 

Hay mucho camino por recorrer, pero no hay vuelta atrás. El comercio justo sigue creciendo.

 

Todavía hay mucho que hacer, porque hay gente que lo ve como caridad, no como un tema de justicia global que nos afecta a todos. Exigir comercio justo es otra forma de estar en el mundo. Nos beneficia a nivel individual, porque sabemos qué estamos consumiendo, ya que la información de los productos es muy amplia y detallada, y además estamos ayudando a alguien que ha hecho ese producto en otro lugar del mundo. Defender comercio justo es defender los derechos fundamentales de las personas.

 

Se puede ver un vídeo con la entrevista a Mercedes García Vinuesa en mundonegro.es

http://mundonegro.es/irreversibles-mercedes-garcia-de-vinuesa)

 

 

 

Mundo Negro. Dic2015. Vocación misionera

JUAN JOSE AGUIRRE, OBISPO DE BANGASSOU (RCA)

 

Queridos amigos:

Seguro que a muchos de nosotros no nos ha  sorprendido que el Papa Francisco haya elegido República Centroafricana (junto a Uganda y Kenia) como destino de su primer viaje a África. El viaje ha coincidido, además, con el Adviento y adelanta, a modo de parábola navideña, el inicio del Año Santo de la Misericordia con la apertura, de par en par, de la puerta santa de la catedral  de Bangui. Con  este gesto el Papa Francisco ha querido hacerse presente, como pastor y profeta, en este país que sufre la pobreza extrema, la injusticia deshumanizadora y las guerras, y dar un empuje a los tímidos pasos que la comunidad internacional ha dado por detener este conflicto que ya se ha cobrado miles de vidas. Francisco se ha hecho presente aquí para consolar a un pueblo roto, al que no le quedan lágrimas pero le sobra dignidad. Quería ir a Bangui para predicar la misericordia, el perdón y la reconciliación, y para que la comunidad cristiana sepa que no está sola. Uno de esos testigos de la misericordia, se llama Juanjo Aguirre. Con 62 años, ha pasado 35 en República Centroafricana y desde hace 17 es obispo de Bangassou. Hoy nos cuenta su vocación.

 

Sentí la llamada de Dios un día de abril de 1971, con 17 años. Estaba terminando el Preu y quería matricularme en la Facultad de Medicina en Córdoba. Ese año empezaba a rodar el primer curso de esa carrera y yo me veía formando parte de la primera promoción. Pero un domingo, después de la catequesis en la que ayudaba en la parroquia, me topé por casualidad con un fragmento del Evangelio de Marcos. Lo abrí a voleo y puse el dedo en una página cualquiera. Y leí esto: " Os aseguro que todo aquel que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o tierras por mí y por la buena noticia, recibirá en el tiempo presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, aunque junto con persecuciones, y en el mundo futuro la vida eterna". Cerré las páginas y me dije 'Esto es lo mío!. Sentía una alegría interior muy grande y a partir de ahí me planteé entrar en el seminario de Córdoba.

 

AFINANDO PRIORIDADES

 

Unos meses más tarde, en junio de 1971, me encontré en un convento de clausura en Córdoba con un misionero comboniano que recorría las comunidades religiosas pidiendo oraciones  para las misiones. Era el P. Carlos Negri, que vio crecer la revista Mundo Negro desde 1964 -cuando lo expulsaron de Sudán- casi hasta su muerte, con 92 años. Me miró, me habló de las  misiones de Sudán, me enseñó fotos de enfermos de lepra y me contó sus muchas tribulaciones en los 20 años de trabajo misionero que había desarrollado en aquel país. Esta conversación me encantó. Después de hablar con mis padres, me lié la manta a la cabeza y me lancé al vacío. Me había decidido a ingresar en  el noviciado comboniano en septiembre de ese mismo año. Mis 35 años de experiencia misionera son, como todo en la vida, un manojo de alegrías y penas. Pero el telón de fondo de todos estos años ha sido compartir la vida con los empobrecidos, dar consuelo a los afligidos y ser desahogo para los angustiados, siguiendo las palabras del Evangelio de Mateo: "Lo que hicisteis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hicisteis".

 

República Centroafricana(RCA) es un  país pobre, donde muchos de los poderosos de este mundo van a hincar sus garras -por el uranio, el oro, los diamantes, el petróleo o las preciadas maderas-. Sus gentes son  muy sencillas y acogedoras, muy religiosas y aunque proceden de diferentes comunidades étnicas, saben trabajar juntos. Además, aman a la Iglesia católica y a los que allí trabajamos. En Bangassou, diócesis a la que fui llamado para el servicio del episcopado hace 17 años, he visto pasar a rebeldes del LRA de Joseph Kony cometiendo lo que las mismas Naciones Unidas han calificado como crímenes contra la humanidad, he vivido tres amotinamientos militares con centenares de víctimas, asesinados y heridos que he tenido que llevar en coche al hospital, varios golpes de Estado y, en estos últimos tres año, la llegada de un grupo islámico radical que ha decapitado, asesinado y violado a cristianos y musulmanes moderados, asaltado nuestras iglesias, robado nuestros coches, motos, placas solares y dinero, dejando las misiones huérfanas de todo y a nuestro pueblo noqueado. ¡Pero no hemos perdido la fe! Nos han quitado vidas y bienes, pero no han tocado nuestra fe. Todos los misioneros que allí compartimos la vida con aquellas comunidades cristianas hemos estado en la boca del lobo. Al lado de fatigas y alegrías apostólicas enormes, hemos vivido también muchos momentos de tribulación, ansiedad y desierto. ¿No se tratará de aquellas tribulaciones que me anunciaba el evangelio de Marcos que leí a los 17 años?

 

VIVIENDO A TOPE

 

Mirando mi pasado sólo puedo decir, como el poeta, 'confieso que he vivido...' Y no me cabe la menor duda de que ha merecido la pena. ¿Cómo no? Merece la pena gastar la vida de esta manera, sin mirarse el ombligo. Si volviera a nacer, lo volvería a hacer. El pasado 10 de Mayo sufrí el tercer infarto en tres años. Tengo nueve muelles en el corazón, problemas de ciática, de cálculos renales, de próstata, de amebas en el hígado... Pero, repito, puedo decir, con Pablo Neruda, "que he vivido". He gastado mi vida por algo que merece la pena. He aprendido más de lo que he enseñado y he experimentado que hay más alegría en dar que en recibir. He vivido 35 años con los más pobres de esta tierra, en plena selva, rodeado por millones de metros cúbicos de un intenso color verde, viviendo con gente de todas las religiones. Porque la persona es, ante todo, un ser con un corazón que sufre, llora, ríe y necesita ser escuchada y amada. He predicado el Evangelio a comunidades muy vivas y dinámicas que te hacen dignificar la Eucaristía, el Bautismo, la Palabra que da sentido a la vida. La vocación misionera es, según dice el Evangelio de Mateo, como la experiencia de aquel que encuentra una "perla fina" y, después de conocer su valor, toma la decisión de vender el resto de perlas de su vida para quedarse con esa, la que llena y da sentido a toda su existencia. Una vez que la vocación es tuya, será auténtica si te hace feliz y la utilizas para el servicio a los demás, sobre todo a los más pobres. Dios es capaz de llenar toda una vida. Jesús es como un libro con infinitos capítulos. ¡Y todavía hoy muchos aún no lo saben!

 

 

Vocación Misionera. Para más información:

 

- Laicos Misioneros Combonianos: ( Fatima, Jose Manuel)

               fatimaverdeal@yahoo.es. 920372028. Arenas de San Pedro

- Misiones Combonianas: (Hna. Mariela )

combojovenes@hotmail.com 958209580 Granada

- Misioneros Combonianos: ( P. Daniel )

sermisionero@combonianos.com 914152412

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parroquia Cristo Redentor

Dirección: Calle Federico Landrove Moiño nº 2  47014 Valladolid
Teléfono: 983 353 907
va-cristoredentor@archi
valladolid.org
www.cristoredentor.info

AGENDA

AGENDA NOVIEMBRE 2018

--> 1 Noviembre: Todos los Santos.

--> 2 de Noviembre:  Conmemoración de los Fieles Difuntos.

--> Domingo 11 Noviembre:  Jornada de la Iglesia Diocesana.

--> Jueves 15 de Noviembre: preparación de Adviento para catequistas a las 7:45h de la tarde.

--> Domingo 18 Noviembre:   II Jornada Mundial de los Pobres.

--> Domingo 25 Noviembre:  Cristo Rey.

--> Viernes 30 Noviembre:  Retiro de Adviento para toda la Comunidad a 5:30h de la tarde.

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